Columna de Opinión: Alarmante violencia e inseguridad en Cartagena

Es alarmante la ola de violencia e inseguridad que azota a Cartagena. Las autoridades competentes, deben enfrentar este asunto sin más dilación, con la seriedad que la gravedad del problema amerita, para lograr la superación pronta de esta crisis de rotura de valores humanos que perturba a los residentes y visitantes de nuestra ciudad. La percepción más generalizada, es que hace falta mayor seguimiento, vigilancia, control y un ejercicio de la autoridad más rápido y efectivo.

Esta gravísima crisis se contrarresta, no solo mediante la aplicación de medidas asistencialistas, de tipo policivo y judicial, o con Charlas, Talleres y Seminarios de Resocialización de niños y jóvenes en riesgo; sino mediante la toma de decisiones estructurales; erradicando los factores causantes del flagelo de la Violencia e Inseguridad. Asimilando y aplicando el cambio de actitud; logrando así, que la preservación y mejoramiento de la Vida, como Valor Superior, sea parte integral de la Misión y Visión de un buen Gobierno y no un simple valor agregado.

Los especialistas en esta materia sostienen que los males que aquejan a la humanidad, comienzan en la familia, y aseguran que la Paz inicia también en el seno familiar. Pero es cierto que las estrategias que correspondan implementarse, no es una tarea sólo de la familia, debe ser una responsabilidad y compromiso de toda la sociedad, liderada por el gobierno y el Estado mismo.

Los padres tienen que cumplir con su papel de primeros educadores, no delegar su rol sólo a la Escuela, privilegiando generalmente el aspecto material; descuidando lo espiritual, social, cultural y humano. A los niños, niñas, adolescentes y jóvenes; hay que mantenerlos ocupados en actividades formativas, productivas y significativas, para inculcarles valores e interioricen y apliquen el buen comportamiento. Y a los adultos hay que brindarles oportunidades de trabajo.

No hay derecho, es incomprensible, que en un solo puente festivo, según datos estadísticos; hayan sucedido 422 riñas, 11 muertes violentas, 7 homicidios, 20 atracos a taxistas, 300 comparendos de tránsito, 200 vehículos, etc. Nada justifica tanta intolerancia y agresividad en las relaciones interpersonales, que conllevan a tanta violencia e inseguridad. Está comprobado que sólo cuando la familia sea sana y conviva armónicamente, la sociedad lo será verdaderamente; por ser ésta el núcleo esencial de la misma.

Entonces nuestros gobernantes tienen la obligación y responsabilidad histórica de estructurar y direccionar en forma concertada, la aplicación de normas básicas de convivencia. Y las propias familias, deben intentar superar sus diferencias civilizadamente, debido a que la prevención es siempre la mejor opción. Esto no debe ser algo utópico, sino una realidad tangible. Sería importante que sin ningún tinte politiquero ni sofisma de distracción, nuestros dirigentes afronten esta crisis. Necesitamos edificar una familia mejor, más solidaria, equitativa, armónica y justa; donde las personas respeten a las personas.

Este gran desafío debe asumirlo y liderarlo la Alcaldía Distrital en forma transversal, a través de la Secretaría del Interior y Convivencia Ciudadana, Distriseguridad, Policía Metropolitana, Secretaría de Educación, Secretaría de Participación y Desarrollo Social, Escuela de Gobierno y Liderazgo, Dadis, Bienestar Familiar, Comisarías de Familia, Ider, Ipcc, Alcaldías Locales, etc. Lógicamente, con el liderazgo y capacidad de gestión del Alcalde Distrital en ejercicio. Quien debe evidenciar voluntad política y administrativa, porque el poder y la autoridad son para ejercerlos. Es evidente que los principales detonantes y reflejos generadores de la Violencia e Inseguridad son la Desocupación, la Pobreza, la Exclusión, la Inequidad e Injusticia Social.

Pero el Gobierno Distrital ni Nacional está cumpliendo con su función de implementar una política pública de Seguridad Ciudadana activa en valores sociales y humanos que conduzca a solucionar esta problemática. Lo inaplazable es desarmar los ánimos de la gente, porque la vida es inviolable y sagrada. Toca reorientar y coordinar el verdadero rumbo de la ciudad para superar la crisis y lograr el bienestar. Urge recobrar la vivencia de los valores en la cotidianidad. Recuperemos la honestidad, el respeto, el amor y la responsabilidad como motivo de orgullo y no de afrenta.



Autor: Benjamín Maza Buelvas.


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