Columna: BOMBA SOCIAL

BOMBA SOCIAL


No alcanzan las palabras de esta nota para pormenorizar la seguidilla de expresiones de inconformidad e insatisfacción que se han granjeado todas las esferas y jurisdicciones de nuestros más recientes gobiernos, las cuales han provocado, sin duda, el encendido de una “Bomba social”, de mecha corta, que en cualquier momento puede estallar en mil pedazos con impredecibles consecuencias.

Para el específico caso de nuestro ámbito local, el detonante que sin duda puede hacer explotar esta “Bomba Social” lo ha constituido, indiscutiblemente, el excesivo grado de insatisfacción y disgusto contra quienes gobiernan y administran la ciudad de Cartagena y los que de igual manera lo hacen por el departamento de Bolívar; esto, sin dejar de mencionar las también encendedores e injustas decisiones del gobierno nacional.

Por una parte, nunca antes una administración de la ciudad había estado tan perdida y haber sido motivo de tantas manifestaciones de descontento y desilusión como la actual, que con sus acostumbradas y desaguisadas actuaciones pareciera confirmar “no haber dado pie con bola”, como se dice.

En pan de cada día se han convertido las protestas y marchas. Si no son los mototaxistas y damnificados por el derrumbe del edificio Portales de Blas de Lezo lo son los salvavidas o los que procuran el desmonte de los irrazonables peajes internos de la ciudad. 

También con frecuencia lo hacen los insatisfechos damnificados del derrumbe de San Francisco o como recientemente lo han evidenciado nuestros humildes y sufridos coterráneos de Bayunca y Pontezuela que reclaman por la instalación del justo y necesario servicio fundamental de agua potable y  alcantarillado; por lo que también se disponen protestar los habitantes del abandonado y vecino corregimiento de La Boquilla; y, en el “cajón de bateo” se alista nutrida marcha contra la incontrolable inseguridad.

Todo lo anterior, sin mencionar la insatisfacción ciudadana por el deficiente servicio del Sistema de Transporte Masivo: “Transcaribe”; el flaco servicio que se presta en la red de hospitales locales de la ciudad y la deslegitimación de la administración en todo su conjunto, incluyendo sus corporaciones públicas, ante los recurrentes escándalos de corrupción y descarada participación burocrática entregada a representantes; unos, de condenados por parapolítica, y  otros, por defraudación al erario.

Por el lado de la gobernación de Bolívar, vemos a un mandatario sentado en un “Barril de pólvora”  por estar más distraído en sus afanes narcisistas y mediáticos de figurar en la páginas de prensa  que en resolver el problema de los campesinos bolivarenses, o de proveer de agua potable y alcantarillado a la mayoría de los municipios del departamento, o procurar la erradicación de la corrupción en las secretarias de salud y educación, o ponerle fin a la angustiante situación de las enfermas niñas de El Carmen de Bolívar.

Por último, también los engaños y falsas promesas de campañas del hoy presidente Santos avivan en gran manera la mecha de esta peligrosa “Bomba Social”.


Autor: Alvaro Morales



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