Columna: LA “COSA NOSTRA” CARTAGENERA

LA “COSA NOSTRA” CARTAGENERA



El asombro producido por las revelaciones sobre la manera delincuencial como fue impuesta la contralora distrital, Nubia Fontalvo, hace recordar los procedimientos criminales empleados por la siciliana mafia que durante la primera mitad del siglo 19 fustigó ciudades de Estados Unidos, y que se conoció con el nombre de la “Cosa Nostra”.

Mucho es el parecido entre la manera desafortunada en que ha caído el noble ejercicio de la política y estas canallescas organizaciones especializadas en la práctica de las más perversas fechorías; como ha ocurrido con la elección de la rectora del ente de control distrital.

Como en la mafia siciliana, en el esquema corrupto de la política local también hay unos “Capo di Tutti” responsables de la estructuración de los malévolos planes, y unos “Consigliere” encargados de asesorar por el camino del mal.

La asombrosa similitud entre la mafia siciliana y la corrupta política local de Cartagena reside en el empleo del soborno como elemento manipulador a políticos, jueces, magistrados, fiscales y toda suerte de autoridades administrativas y  hasta militares para el logro de los propósitos criminales.

Lucky Luciano, Frank Costello, miembros de la tenebrosa mafia siciliana así como Vito Corleone, el mítico personaje de Mario Puzo en su novela “El Padrino”, le quedan en “pañales” a los que pusieron en práctica las siniestras acciones para escoger a la Contralora Distrital y barrer con el erario distrital.

Con exuberante acervo probatorio la Fiscalía ha acusado a José Julián Vasquez, el medio hermano de Manolo, el alcalde, de ser el cerebro y determinador de una organización criminal detrás del mando que no solo fue decisiva en la fraudulenta elección de la Contralora sino que estuvo dedicada a despacharse a su antojo la burocracia y el presupuesto distrital.

¡Y que tristeza!, también ha sido develado que las acciones contra el Distrito han sido acolitadas por depravados concejales que parecen haber llegado al Cabildo no a coadministrar la ciudad sino a delinquir.

No era para menos, es que el tal JJ, nombre del bajo mundo, el “Consigliere” del alcalde y engendro de malignidad no puede actuar diferente a su innato y conocido tránsito por la perversidad; y por el cual en el 2014 lo sancionó la Procuraduría con destitución e inhabilidad.

Pero el JJ no es el único, con él hay otros “Consigliere” también sancionados e inhabilitados que posando de intelectuales y catedráticos son cómplices de la debacle. 

Una vez más, por culpa de la ambición y el amor al dinero, la gobernabilidad de Cartagena ha sido fragmentada en mil pedazos por quienes sin el más mínimo recato han demostrado actuar contra ella.

Si queremos cambiar, aprendamos de esta experiencia. Para los cargos de elección popular no basta con elegir a presuntos buenos ciudadanos sino que es necesario escudriñar sobra la ética y pulcritud de los que están detrás de ellos. ellos.

Autor: Alvaro Morales















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