Columna: LA VISITA PAPAL

LA VISITA PAPAL


Se apresta Cartagena a recibir al Papa Francisco. Será una de las cuatro ciudades que visitará; y nos corresponderá el domingo 10 de septiembre, un día después de la conmemoración del Día Nacional de los Derechos Humanos en Colombia, fecha inspirada en la del fallecimiento de su correligionario San Pedro Claver, el Jesuita español que desde su arribo a la ciudad se dedicó a luchar contra la esclavitud y la opresión de la que fueron víctimas los esclavos; y en la que de alguna manera continua atrapada esta población.

El jesuita argentino de 81 años de edad, Jorge Mario Bergoglio, hoy Papa Francisco, y número 266 desde que esta congregación religiosa optó por asumir como el primero de ellos al Apóstol Pedro, es el único  latinoamericano en alcanzar tal jerarquía.

Durante su estancia en la Heroica, el Papa visitará el deprimido barrio de San Francisco, posiblemente, por relación con su nombre, pero solo para bendecir obras sociales de la Arquidiócesis de Cartagena; mas no para impregnarse de las vergonzosas imágenes de la injusticia social en la que se encuentra atrapado tanto este sector como la mayoría de la ciudad.

No debería dejarse ir a Francisco sin que sepa y lleve guardado en su corazón que el 29% de la población de Cartagena vive en la pobreza y que el 5,5% en la miseria. Que 34 pandillas azotan sin misericordia a más de 20 barrios y que la ínclita urbe del “Tuerto” López es la segunda ciudad de Colombia con mayor índice de exclusión social. 

Que más de 20.000 personas viven en zonas de alto riesgo, 80.000 no tienen servicio de acueducto, más de 200.000 no conocen el servicio de alcantarillado y más de 68.000 niños en edad escolar no asisten a ningún plantel educativo.

Que la inseguridad abate la tranquilidad de todos los sectores de la sociedad; y que la corrupción a nivel del gobierno y sus Corporaciones Públicas ha sobrepasado los límites de la inmoralidad.

De manera reiterada, e identificándose con los pobres del mundo, si Francisco ha proclamado que él es uno más de los pobres del mundo; y que si uno de los motivos de su peregrinaje por estas tierras es dar ánimo a los desesperanzados, bueno sería entonces que los responsables de esta desesperanza y del postrado estado social que vive la mayoría de la población, asistan a todos y cada uno de los actos papales para que confiesen, se arrepientan y se comprometan a no repetir el daño que por mucho tiempo le han hecho a la ciudad, y puedan alcanzar perdón y misericordia.

Por último, un tour sugerido para los organizadores de la visita del Papa podría ser, el que con buena dosis de “agua bendita” para asperjar, comience por la calle de la Moneda, continúe por la calle del Cuartel, siga al Palacio de la Aduana y enrumbe finalmente hacia la calle del Arsenal.

Bienvenido Francisco.

Autor: Alvaro Morales















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