Columna: MINUTO DE SILENCIO

MINUTO DE SILENCIO


Estamos de luto por cuenta de los que han degradado a lo sumo el manejo de lo público. Ha muerto la honradez, la dignidad, la integridad, la moralidad, el honor, la pulcritud, la decencia, el respeto, la probidad. Ha sido superada por la criminalidad, la delincuencia, la infracción, la fechoría, la transgresión, la maldad, el soborno.

Un minuto de silencio poco tiempo sería ante la descomunal desvergüenza y desfachatez. La liturgia del Minuto de Silencio no alcanzaría para expresar el dolor, tristeza y decepción que produce el ejercicio del descompuesto poder público colombiano, desde la actual administración del distrito de Cartagena y sus órganos Corporativos, Concejo Distrital y Juntas Administradoras Locales; pasando por la administración departamental y su inerte Duma; así como por el gobierno nacional y su corrupta rama Legislativa; y terminando en todo el compendio del infectado Poder Judicial.

No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno, todos se han corrompido. Ha quedado ratificado, la raíz de todos los males es el amor al dinero, lo dice la Escritura. El dinero, el mal habido, el estiércol del diablo.

El cúmulo de cínicas conversaciones divulgadas, cargadas de vocabulario procaz cual el más bajo lumpen y arrabalero entre la Contralora Distrital, Concejales, Ediles, Alcalde, Secretarios de Despachos, Directores de Departamentos Administrativos y Asesores, no ha dejado ciudadano al que estos batacazos no hayan golpeado en lo más sublime de sus fibras de asombro.

Para muchos, el hecho que el equipo de gobierno rindiera minuciosos informes a un particular, pariente del alcalde suspendido, Manuel Vicente Duque, son hechos de poca monta, encaminados más que todo, y según su propio cinismo y descaro, a comunicarle con alegría los logros de la administración a un ciudadano.

No hay respeto por nada. Nada implica aportar certificados y diplomas falsos para ser nombrado o para ser ascendido.

No importa tramitar y expedir espurias licencias de construcción así se violen todas las normas. Lo mismo da elegirse con votos falsos que vender su voto para elegir. 

No importa exigir coimas para aprobar absurdos Acuerdos, Ordenanzas o Leyes que vender fallos judiciales.

No hay respeto por nada. Si en la búsqueda del dinero fácil hay que traficar con la salud, la educación y el deporte, no importa. Todo vale. Lo importante es el dinero sucio. El dinero mal habido.

Nada importa si para aprobar el trazado, licitación o un contrato de obra toca exigir soborno al contratista.

Todo parece estar perdido, hasta las esperanzas, que es lo último que se pierde. Réquiem por todo lo bueno.

Finalmente, cabe preguntarse, ¿será que los actuales concejales de Cartagena y diputados de Bolívar; ex gobernadores corruptos y los actuales congresistas que nos representan en el Parlamento  se atreverán o tendrán la suficiente vergüenza para pedirle el voto al pueblo?

Como están las cosas, la ciudad debe expresar no un minuto sino una eternidad de silencio.

Por: Alvaro Morales
















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